Ser Alfa. Descubriendo a Omega (Parte 1)
- Sara Michelle Delpiano
- 2 jun 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 25 ago 2020
Esta primera entrada y las que vendrán están escritas en primera persona, el personaje es ficticio, y es el resultado de una amplia recogida de respuestas sobre el sentido de ser hombre. La continuación y las próximas dos publicaciones serán sobre la evolución de este mismo personaje.
Agradezco a las 35 personas (hombres entre los 28 y 68 años) que me han contestado, cada uno a su manera y también a aquellos que me han dicho que “no”, por su honestidad y asertividad. Antes de leer, hay que tener en cuenta que esta serie de relatos no da una explicación de cómo es un hombre, ya que por naturaleza son todos distintos. Como nosotras, las mujeres.
Lo que vais a leer, es una recopilación personal y cuidadosa en formato cuento, donde a veces reutilizo las mismas palabras de los interlocutores, tras leer y escuchar profundamente lo que me han contado. Ha sido un trabajo de mucha empatía y de superación. Espero que lo disfrutéis.
Alfa y una gran pregunta
Contexto: Alfa se pregunta a sí mismo por primera vez: ¿Qué es ser hombre para mí?
Querido yo (Alfa):
¿Qué es ser hombre para mí?
La verdad es que nunca me había planteado esta cuestión.
Aunque lo diría mejor así: “¿Qué está siendo ser hombre para mí?”
No es una cuestión en la que haya pensado antes, quizás porque eso de clasificar nunca me ha salido de forma natural.
En esta etapa del viaje vital, ser hombre no tiene nada que ver como era hace muchos años. Antes era más sencillo, quizás había menos “trampas”.
Por ello, ser hombre hoy en día, lo ligo más a "limpiar" acciones pasadas para serlo y creo que por eso hay momentos que me siento como si sobrara en la sociedad actual, y eso me está descolocando de una forma sin precedentes.
Hubo una época, que defino “normal y necesaria”, en la que mi balanza estaba mucho más inclinada hacia lo masculino, al “macho alfa”: era más joven, deportista de élite, disfrutaba compitiendo, estaba muy fuerte, aunque sufriera mucho dolor físico, seguía y seguía entrenando. Además en aquella época tuve mi momento de ligón… ¡Qué bien me lo pasé!
No somos todos iguales claro, sin embargo en mi experiencia me atrevería a decir que necesitamos ser vistos y a veces nos pasamos al otro lado y nos cuesta perdonar de verdad. El orgullo a menudo nos hace perder de vista la belleza de quien nos está diciendo de corazón “lo siento”.
El orgullo… ¡qué palabra tan cargada! Solo al escribirla me paraliza en parte, pero por el otro lado la necesito. No sabría cómo explicarlo.
Hoy en día podría decir que ser hombre significa "ser responsable", "ser varonil" y a veces me siento obligado a tomar la iniciativa, o incluso a tomar más riesgos porque si no, no demuestro mi valor. No es algo que tampoco me haga sentir peor, pero sí a veces como si tuviera que demostrar todo el rato. Por eso nos exigimos mantener este papel de tios competentes y buenos aportando todo lo que haga falta.
Admito que por estas razones a veces me he sentido incomprendido… me he sentido como atado.
Siento que a veces la imagen de mí mismo depende todavía de cómo me vean los demás, creo que a veces nos falta un toque más de madurez.
¿Y sobre las mujeres?
Esa pregunta, me cuesta ¡quizás porque la respuesta me resulta un tanto complicada!
Bueno, aunque me haya equivocado a veces, reconozco que sentir que aporto algo a una chica, que no puede aportar nadie más, ¡me hace sentir único!
Eso de creer en el amor para siempre, me cuesta. Aun así sigo pensando que es bonito ser especial para alguien y hacerle sentir especial a la otra persona. ¡Creo que nos complementamos!
Claro eso es lo que siento, sin embargo a veces me hago el tipo duro y quiero controlar mis emociones, intento mostrarme fuerte y me doy cuenta que no puedo con ellas.
Eso sí que no se lo he contado a nadie... me ha pasado alguna vez que estaba viendo unas películas y de repente sin darme cuenta me he puesto a llorar, cosa que si la cuento quizás suene como infantil.
Qué curioso, ahora que lo pienso todavía me doy cuenta de que me cuesta exteriorizar mis emociones en un entorno profesional, inclusive el personal/amoroso.
Me pregunto ¿Qué diferencia hay si lo hago con los demás o a solas?
¿Qué pensarían de mí?
¿Y cómo me juzgaría yo a mí mismo?
No tengo respuestas porque lo he hecho en tan pocas ocasiones, tal vez ninguna.
De hecho, una de las razones que aprendí al dejar a mi ex, fue que no exteriorizaba mis emociones ni lo que sentía. Es más, la quería muchísimo, estuve enamorado de ella pero no le decía “te quiero”, porque creía que no hacía falta. Lo dejamos, la he seguido queriendo mucho a pesar del tiempo, aun así expresarlo en palabras me costaba mucho. Y ella nunca lo supo.
Quizás eso me hacía más vulnerable, es como si me desnudara demasiado.
Autora: Sara Michelle Delpiano

hola sara, enhorabuena por tu blog, he aprendido mucho de ti, creo que aprendo de todo el mundo por muy diferente que sea (para hacer o no hacer lo que veo en los demás), no sé si lo que te pongo aquí te sirve de ayuda, la verdad es que creo que me conoces mejor tú a mí que yo a ti
respondiendo a lo que preguntas sólo se me ocurren los siguientes conceptos: respeto, honestidad y coherencia
te deseo todo lo mejor, de lo que te conozco sólo puede algo positivo y bonito