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Aquella silla vacía

  • Foto del escritor: Sara Michelle Delpiano
    Sara Michelle Delpiano
  • 31 may 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 9 jun 2020

Como aquella silla vacía ahí en el medio del jardín, podía verme a mí misma y a muchos de vosotros. Podía ver a todas aquellas personas muy presentes en mi vida diaria en este momento de cuarentena.


Si acaso, ¿os habéis dado cuenta de que estamos más enfocados hacia las personas que antes?


¿Os habéis dado cuenta de que tenemos una mirada más consciente hacia nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro incierto?

Entonces os pregunto:


¿Qué necesidad había de correr tanto antes?


¿Qué necesidad había de ser ladrones del tiempo?


¿Qué necesidad había de poseer algo que no necesitábamos?


¿Qué necesidad había de correr detrás de las quimeras?


Esa silla vacía en el medio del jardín me recuerda cómo es de importante respetar el lugar que hemos elegido y que nos corresponde como seres responsables ante cualquier forma de excusa. Esa silla vacía me recuerda a ti, a mí, a vosotros que queréis ocupar la misma silla de antes. Sin embargo, no hay espacio para más de una persona y es más, la silla no va a ser igual a la de antes.

A cada uno le toca la silla que ha elegido y cuando sea capaz de estar sentado en la suya, a solas y con todo su propio peso, podrá experimentar la del otro u otra.


En muchos casos buscamos la felicidad y la certidumbre en los ojos del próximo pensando que de esa manera lograremos rellenar aquel vacío o frustración que tenemos dentro y que nunca se ha cuidado de verdad. Nos apoyamos a menudo en la energía de quien nos rodea, sin ser conscientes de la nuestra. El otro día leí una frase que decía que las pruebas difíciles de superar las tienen aquellos que deciden hacerse cargo de ellas mismas, con sus propios recursos internos antes de involucrar a los demás. La vida, queridos lectores, es para los valientes. Y no hay una definición realmente única de coraje. Porque el coraje no es escalar una montaña y llegar a la cima o solucionar un problema dejándolo a medias. La valentía es coger las riendas de nuestra vida antes de forma totalmente individual para luego dedicarnos a reconstruir algo sólido y duradero que, en primer lugar, tiene que ver con nosotros mismos y luego con los demás.


“No hay grandes aprendizajes sin sufrimiento”, dicen. Y yo añadiría, sin haber visto antes la verdadera cara de nuestra propia realidad interior, a veces menos brillante y más oscura. Creo que además no hay grandes aprendizajes sin haber visto qué es la pobreza, las injusticias, la incertidumbre, sin conocer a personas desafortunadas y que luchan diariamente para conseguir algo de dinero para comer. Porque veo en el otro lo que soy realmente yo, porque no voy a poder ser capaz de ocupar mi silla aunque se quede vacía, si no paso por este proceso y viaje interior.  No voy a ser capaz de sostenerla sin haber conocido muchas cosas que pertenecen a la vida diaria y real, como la incertidumbre. Porque nada es seguro, solo nuestra esencia.


Los castillos de arena nos sirven para visualizar y soñar. Sin embargo, no nos sirven cuando bajamos a la tierra. Vivir en una burbuja, independientemente del tipo que sea, no sirve. Sobreproteger y sobreprotegernos tampoco sirve de algo. Es más, nos limita como seres de alto potencial y limita el margen de acción de quien está tratando de ocupar su propia silla, de sentarse en ella y de poder sostener la dureza del proceso de maduración.

Os invito a cada uno de vosotros que estáis leyendo, a aprovechar este tiempo de cuarentena y sentaros en vuestra propia silla. Tomaros el tiempo necesario para volver a levantaros con todo vuestro ser y afrontar este momento de la mejor manera, en primer lugar para vosotros mismos y luego para los demás.


Nadie ha dicho que fuera fácil, sin embargo es desde el barro que se cría la flor de loto. Y de la misma manera la limpieza del alma se hace parando, observando(se) y asumiendo responsabilidades que antes se le daba a los demás. Sin duda, es un proceso largo.

Confío que este parón general vaya más allá de la simple visualización de potenciales escenarios negativos de crisis económica global.

La actitud responsable hacia los demás, empieza por el amor propio, el autocuidado, la madurez interior y el desarrollo la capacidad de observación. Así que os motivo a mirar hacia dentro antes de ver lo que hay ahí fuera. Quizás de esta manera se alejarán también muchos de nuestros miedos que nos dejan atrapados en la no-acción.


Autora: Sara Michelle Delpiano



 
 
 

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